CURSO MONOGRÁFICO

Sábado 28 de marzo de 11:00 a 14 hrs. 

ESPACIO RONDA 
C/ Ronda de Segovia, 50 – Madrid

En 1231 Europa pronunciaba con miedo el nombre de Cristo. No era el miedo a Dios, sino a la dispersión, al desacuerdo, a la palabra que se aparta: cátaros, valdenses, bogomilos… El Evangelio había hablado de semillas, de perdón, de una verdad que no se impone, sino que se ofrece. Sin embargo, en aquel siglo inquieto, la verdad comenzó a pensarse como algo que debía protegerse de los hombres, incluso contra los hombres.

Bajo el pontificado de Gregorio IX y tras las labores predicadoras de Domingo de Guzmán contra la herejía, la Iglesia Latina decide transformar el error espiritual en objeto jurídico, y la conciencia en territorio administrable. Allí donde el mensaje de Jesucristo había hablado en parábolas, comienza a hablar el procedimiento; donde hubo llamada a la conversión interior, aparece la exigencia de prueba: o se está con la Iglesia, o contra la Iglesia. Hay que marcar bien el límite.

No se persigue aún el cuerpo, pero se aprende a rodear el alma: a interrogarla, a desconfiar de su silencio, a leer en sus vacilaciones signos de culpa. La herejía deja de ser una libre elección (esa es su etimología) para convertirse en un delito contra el orden. Y con ese gesto, profundamente incongruente con el Evangelio, la fe se desplaza del ámbito de la libertad al de la obediencia.

El tema es altamente controvertido: a lo largo de la sesión analizaremos cómo esta mutación (lenta, razonada, perfectamente argumentada) fue posible sin que casi nadie la percibiera como traición. Cómo el mensaje del amor al enemigo pudo convivir con la figura del sospechoso permanente. Cómo la Iglesia de Cristo, que fue un ajusticiado por herejía, aprendió a investigar en nombre de la verdad. Ironías de la humanidad: Caifás volvió a ganar la partida trece siglos después.

No pretendemos juzgar el pasado desde la superioridad moral, ni absolverlo con comprensión indulgente. Queremos pensar sobre la condición humana que generó y sigue generando la fractura: la distancia creciente entre el Cristo del amor y la Iglesia que clasifica, entre la palabra que libera y la institución que vigila.

Porque quizá la pregunta decisiva no sea cual fue el nacimiento de la Inquisición, sino en qué momento el cristianismo aceptó que la verdad necesitaba tribunales.

40.00  IVA incluido