Por sus frutos los conoceréis.
¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?

Mateo 7, 16

Somos lo que hacemos. O dicho de otro modo: lo que hacemos desvela quienes somos. Incluso en el acto de contemplación (tan reivindicada en nuestros tiempos como antídoto a la aceleración reinante) se está haciendo algo. Tal vez la mayor de las acciones posibles. La contemplación no es inacción. El descanso tampoco.

El invierno invita a dudar del individuo. Lo condena a ilusión. Somos siempre con y por los otros. Nos construimos en la alteridad. Así, somos hijos, hermanos, primos. Somos compañeros, amigos, enemigos, conocidos, admiradores o admirados, amantes o amados… Son otros, los padres, quienes nos dan nuestro nombre. De sus estirpes heredamos nuestros apellidos. En un sencillo carné de identidad, documento individual por antonomasia, ya hay acreditada una vasta comunidad.

La conjunción de estas dos ideas nos desvela una pródiga verdad: somos lo que hacemos CON LOS DEMÁS. Somos lo que hacemos juntos. Porque la ilusión del individuo bien se puede invertir. De este modo, la comunidad no es una suma de individuos, sino que el individuo no es más que un fragmento de esa unidad común. Com-unidad. El mero hecho de pensarlo tranquiliza y eleva.

El otoño como término medio, nos trajo las herramientas para ver el medievo con ojos más profundos. Es hora de poner en práctica el instrumento adquirido. Nuestra andanza por la fértil Edad Media continúa ambiciosa para hacer una parada imprescindible en el fabuloso siglo XIII, culmen del lenguaje simbólico y visionario medieval. Proponemos así un trimestre para imbuirnos en la Era de las Catedrales (Nuestra Catedral), tan íntimamente asociada al apogeo del culto mariano en Europa (Mariam). Pasada la Semana Santa, con los gozos de la primavera, haremos la visita práctica de estos dos cursos estudiando en profundidad e in situ, la paradigmática catedral de Reims. Mientras, en estos meses invernales completamos nuestra inmersión con tes monográficos también de la misma centuria gótica: La creación de la Inquisición, las genialidades de Ramón Llull y la espiritualidad redentora del más grande de los santos bajomedievales, Francisco de Asís, a pocas semanas de emprender el viaje a su tierra natal.

El siglo XIII vio nacer las prodigiosas catedrales góticas, metáfora sin parangón de la comunidad, de la actividad conjunta, del ser-haciendo unidos, del hacer-siendo uno. La actividad de aquel siglo fue ingente. Pero no fue cuestión de hacer mucho. Fue cuestión de hacer con sentido. Hacer en una misma dirección y bajo un mismo sueño. Esa es la gran lección que nos interpela desde ocho siglos atrás.

Somos lo que hacemos y con quien lo hacemos. Somos la narración que se lee entre nuestras acciones conjuntas. No debemos hacer menos. Debemos hacer mejor. Debemos ser parte, fragmento de aquello más grande que nuestra pobre individualidad. La Navidad vio nacer a un niño, cuyos padres nombraron Enmanuel: Dios con nosotros. No conmigo. Con nosotros.

Que sepamos hacer nuestra catedral…

¡Buen trimestre!
La Jirafa Rosa